De jefas a empleadas: el nuevo turismo laboral de las venezolanas

No piensan en emigrar; pero cada vez que sea posible viajarán para conseguir un trabajo temporal, y así comprar ropa, calzados, medicamentos, ahorrar, lo que de otra manera no podrían en Venezuela.

Por María Fonseca Sevillano / Arenga Digital

MARACAIBO, Venezuela – En su país tienen sus propios negocios. Pertenecen a una clase media-media alta, cada vez más disminuida. Usan los celulares de última generación, van al gimnasio, y programan tardes de café con las amigas. La limpieza de sus casas la realiza una empleada a quien le pagan por día…pero, una o dos veces al año, renuncian a todos estos beneficios para ir a alguna ciudad en los Estados Unidos a ser ellas quienes limpian, recogen escombros, van a las fábrica. Son las trabajadoras temporales venezolanas.

“Esta fue la primera vez que me fui a trabajar. Quería saber cómo era la vida allá, pero trabajando, no de vacaciones como muchas veces ya había estado”, nos cuenta Alba –nombre ficticio-, quien durante dos meses y medio trabajó como camarera (Housekeeping) en Orlando.

Alani, una joven madre de 2 niños, esposa de un empresario de su ciudad, Valera, fue con otros planes. Ella no iba con la intención de trabajar, pero la llegada del huracán Michael la dejó atrapada en Carolina del Norte.

“Fui a resolver una situación personal, y a visitar a una amiga. También, no te lo voy a negar, a averiguar sobre colegios, la vida allá en Estados Unidos, por la situación de nuestro país. Luego vino el huracán y en vista de que no podía regresarme, se presentó la oportunidad, y trabajé durante 1 mes en una fábrica de vasos. Fue duro, jornadas de 12 horas. Cosa a lo que no estás acostumbrada”.

La ilegalidad no parece un problema

Como es de suponerse, ninguna de ellas tenía permiso para trabajar; pero esto no fue un inconveniente. “Yo no saqué ningún papel falso ni nada. Me cuidé de eso”, afirma Alani, quien a pesar de ello no tuvo problemas para trabajar en una fábrica y recibir su pago.

“Fue muy fuerte. Al principio comencé en un turno nocturno por 12 horas. Ya en la madrugada casi me dormía en mi puesto de trabajo”, cuenta de su experiencia.
Yusilma, otra pequeña empresaria del estado Mérida, mamá de un par de adolescentes, quien durante 3 meses trabajó en el Estado de la Florida, tampoco tuvo dificultades para encontrar trabajo y recibir su pago.

“Trabajar ilegal no era fácil, porque sabía que no estaba bien lo que hacía; pero me llenaba de valor el saber que la mayoría que allí estábamos trabajando hacíamos lo mismo”
Ella comenzó en un almacén de flores. “Fueron aproximadamente 14 días trabajando 16 horas diarias, sin ver la luz del sol.” Luego comenzó a trabajar en construcción, donde estuvo hasta su fecha de regreso a Venezuela.


Este tipo de trabajo, en su país, jamás imaginaron que podrían desempeñarlos. “Me siento muy orgullosa de mi misma por haber logrado tareas que nunca había ni pensado realizar”, afirma.

Motivos

El objetivo de todas estaba claro: Vivir una experiencia diferente, y lograr ganarse unos cuantos dólares para poder comprar, ahora con su trabajo, lo que antes adquirían al ir de vacaciones.
Estas mujeres viven en una Venezuela donde la hiperinflación actual es una de las peores de la historia. La Asamblea Nacional, parlamento del país suramericano, dijo que en un comunicado publicado en el 2018 la inflación se ubicó en 1.698.000%.


“El dinero lo gasté en ropa, calzados, juguetes, artículos personales para mí y mis hijos, que de otra forma no habría podido adquirir en Venezuela con mis ingresos”, confiesa Alani.
Esta necesidad de mantener de alguna manera la calidad de vida que antes disfrutaban, era motivación suficiente para seguir, a pesar del esfuerzo físico y emocional que significaba estar fuera de su “zona de confort”.


En el caso de Rosa, -dueña de varios pequeños negocios en su ciudad- esta era la segunda vez que viajaba para trabajar. “Fui a probar cómo me iba; y porque el dinero lo usaría para poder pagar seguros médicos y de vehículos, comprar medicamentos y comida que no conseguimos aquí, y para poder ahorrar”.


Para Yusilma, aunque hubo momentos en que pensó que no había necesidad de estar allá trabajando tanto, y sus hijos acá en Venezuela; su meta era clara “Eran solo 3 meses. Ya descansaría al regresar. El dinero lo necesitaba para comprar lo que aquí ya no puedo” reflexiona Yusilma.

¿Emigrar?

Según el más reciente comunicado de la ACNUR -la Agencia de la ONU para los Refugiados-, “los venezolanos han estado abandonando el país durante años, pero estos movimientos aumentaron en 2017 y se aceleraron en 2018. De acuerdo con estimaciones de las que se dispone, un promedio de 5.500 personas han estado abandonando el país cada día en 2018”.
Las mujeres de nuestro relato, reconocen que la vida en Estados Unidos es más cómoda y segura, pero no todas están dispuestas a pagar el precio.

“Venir de vacaciones es maravilloso, pero residir es otra historia. Valoro mucho el tiempo que paso con mi familia; y aquí, al menos lo que veía en familias amigas, dedicas más tiempo a trabajar que a estar con tus hijos”, señala Alani.

Para Yusilma, emigrar tampoco es una opción. “No es lo mismo venir de paseo que quedarse allá. Estado Unidos es un país donde hay que trabajar duro, y depender de un empleo no es nada fácil. Lo haría solo si pudiese tener mi propio negocio. Tengo dos hijos adolescentes, y tener que trabajar tanto para no disfrutar con ellos no me gustaría. Creo que aún tenemos que seguir luchando acá en nuestro país”.

Alba en cambio sí considera esa posibilidad. “No me quería regresar. Allá se trabaja mucho pero vives bien, puedes andar por las calles caminando tranquila, subir a un autobús y sentirte segura, conseguir todo en los supermercados… Regresé porque mis hijas no estaban conmigo”.
Estados Unidos, refleja el portal Voanoticias, es el segundo país a nivel mundial que recibe el mayor número de solicitudes de venezolanos. “En lo que llevamos del año, 9.506 venezolanos han solicitado asilo en el país norteamericano, según cifras de ACNUR”.

Por el momento, estas emprendedoras seguirán sus vidas en Venezuela, y algunas ya están planificando su próxima estadía corta en tierras americanas, para quitarse de nuevo su traje de jefas en sus negocios locales, y colocarse allá el de empleadas, pero logrando ingresos que en sus propias empresas no obtendrían.

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