Estonia: Cuando el principal recurso es la gente

El relato sobre el despegue estonio, en todas sus facetas, es un ejemplo literal de como algo que no se percibía tangiblemente, se transformó en el apalancamiento de todo un proyecto de nación. 

Por Andrés Segovia, para Arenga Digital – 20 de agosto de 2020.

TALLIN, Estonia – A simple vista, de Estonia se puede pensar que no hay más recursos que aquellos recogidos en su bandera integrada por tres franjas horizontales: la de arriba color azul en representación del cielo, en el medio una franja oscura en representación de sus bosques y una franja blanca abajo, por sus suelos nevados. La conjunción gráfica de un panorama visto por una población de frugales campesinos por siglos.

La explotación forestal como principal potencialidad natural y no mucho más, podría haber sido tomada como predestinación, pero no se detuvieron en ello. El cónsul honorario de Estonia en Venezuela, Arne Roostna, dijo  que fue llamado a visitar su país natal para asesorar una empresa maderera en la transición, pero gracias al desarrollo tecnológico “la última vez que fui ya parecía una nave espacial, Estonia es una pequeña potencia en el ámbito de la madera», aseguró. No sólo fue talando que se logró, primero el país se conectó.

Autodescubrimiento

La nación tenía un nicho de industrias y manufactura, pero se notaba minúscula dentro de la bastedad rusa que anexó el territorio en 1709. Su capital, Tallin, gozaba del gran activo de la Universidad de Tartu (fundada en 1632) que durante la ocupación soviética fue una fuente de técnicos e ingenieros privilegiada en comparación con otras regiones, de ese modo, aunque los recursos forestales dominaban la economía local, se ubicaron un total de “13 plantas de fabricación de productos electrónicos que daban empleo a 26.000 personas. Estas plantas fabricaban instrumental médico, óptico y de precisión, aparatos de TV y radios”, según Örjan Sölvell y Michael Porter en sus estudios sobre la transición báltica. 

Después de décadas como meros apéndices de la metrópolis soviética, cada nación del espectro estaba encuadrada dentro del esquema de planificación central con un objeto estratégico particularizado, unos territorios se centraban en la producción de alimentos, otros en maquinaria militar y así sucesivamente.

Solo tener fábricas de máquinas, pulpa, papel, productos alimenticios y logística, no bastaban; hizo falta un cambio generacional con el fin de El Telón de Acero para cambiar el enfoque y eso sucedió en el acto. Al librarse de Rusia un liderazgo joven representado por el Primer Ministro, Mart Laar, de apenas 32 años, tuvo en sus manos la tarea de recuperar la soberanía, economía y orgullo estonio buscando los nuevos potenciales de cara a la globalización.

Consiguiéndose con un paupérrimo PIB per capita de 72€, inflación del 13,6% en 1991 y unas telecomunicaciones, carreteras y ferrocarriles en mal estado, Estonia no podría darse el lujo de quedarse con los brazos cruzados y simplemente alegar pocos recursos como usualmente se exculpan muchos desde las naciones en desarrollo. La tarea fue descubrir un potencial netamente humano, centrado en la preparación técnica y la innovación, este último un elemento que llegó con la competencia definitoria del nuevo sistema de libre empresa.

Así fue como en 1991, Laar, asesorados por especialistas, inició una serie de reformas de apertura al comercio e inversiones internacionales y mejora del sistema educativo donde lo fundamental era conectar la nación. Un ejemplo evidente fue que para ese año llegaron los primeros teléfonos móviles, hasta el momento el único enlace de comunicaciones con el mundo eran unas pocas líneas que pasaban por centrales manuales soviéticas.

«El gobierno no tenía como pavimentar carreteras», dijo Roostna, «por eso el gobierno vio más eficiente invertir en las comunicaciones telefónicas y de fibras ópticas». El objeto era conectar al ciudadano estonio a posibilidades de trabajo y emprendimientos con el resto de Europa y el mundo, algo que se logró, el día de hoy con más empresas emergentes por persona que el Silicon Valley, un aproximado de una start up por cada 100 habitantes. 

El inglés se adoptó rápidamente después de la independencia como muestra del deseo de estar en el panorama global y llegar a los grandes mercados.  El país registró un crecimiento sostenido a partir de mediados de los 90, superando el promedio europeo, y la población se volvió entusiasta del consumo de las innovaciones electrónicas occidentales a pesar de sus bajos ingresos.

La nación había apostado por lo más novedoso considerando, como no hacían otros, las potencialidades que traía el internet y la informática con todo lo que tiene por explotar, el apalancamiento tecnológico se ha mantenido como política de Estado hasta nuestros días. 

Más allá del Gobierno Electrónico

El 2000 fue de decisiones definitivas, allí arrancan las principales medidas de digitalización del gobierno -no solo en servicios, sino también en alto gobierno y hasta votaciones – y apertura al capital privado que ha demostrado tanta efectividad y eficiencia que hasta se ha generalizado a todos los servicios básicos. 

El proceso ha presentado muchos hitos hasta llegar al actual donde cuentan con I policía, I salud, I Tribunales, entro otros; previamente fueron resaltantes la apertura a la competencia en el mercado móvil de telefonía GSM que entró en 1994, la llegada de la telefonía de 3G en el 2001, la entrada de empresas como Ericsson o Nokia para utilizar el país como mercado-prueba de nuevas tecnologías, el proyecto Look World que elevó la introducción del internet al total de territorio para 2006 y por encima de la media europea, entro otros. Ahora la conectividad de Wi-fi es total, el pago a las empresas esta en las tasas municipales, y se avanza desde hace una década en la toma de la vanguardia para construir plenas Smart cities con la tecnología del Internet de las cosas.

El descubrimiento estuvo en el principal capital, el humano. Crear un ecosistema de incubación de personal altamente cualificado en informática y áreas relativas ya es un hecho que se ve desde las clases de programación en el primer grado de las escuelas, pero uno de los primeros pasos fue crear en la Facultad de Tecnología de la Información Estonia, inaugurada en 1999 en Tallin. 

Durante la transición surgieron comparaciones que no se hacían antes por ser odiosas para los dirigentes soviéticos, pero la realidad era que el entorno general de investigación en tecnologías “se hallaba bastante por debajo de los niveles occidentales. En 1997 Estonia presentaba una actividad de registro de patentes de 0,1 patentes por 10.000 habitantes, en contraposición al 5,5 de Alemania”, exponían Sölvell y Porter. 

El esfuerzo dio resultados, el país está hiperconectado, es la cuna y sede de muchas tecnológicas como la célebre Skype y ahora está apuntando sus esfuerzos a la Inteligencia Artificial como solución a la cotidianidad. El sector público no se cierra a estas nuevas creaciones y las implementa, por ello para finales del 2020 esperan implementar 50 soluciones en IA para brindar a la ciudadanía mejores servicios, el objeto es la respuesta rápida y oportuna con alto grado de personalización en la atención, algo que ya ha dado resultados palpables en la contención del Covid-19. Así el Gobierno electrónico avanza dando testimonio de su trasparencia 24 horas al día mientras va a la par del desarrollo de la innovación de su gente.

I-Residencia en Estonia

Fiel a su tradición de innovación tecnológica, Estonia busca diversificar su economía atrayendo a residentes electrónicos. Este innovador programa permite a ciudadanos extranjeros optar por una residencia virtual en ese país, que permite establecer empresas tanto de propiedad individual como corporativa y gestionar cuentas bancarias, entre otros beneficios de orden tributario y fiscal. 

El proceso para obtener esta residencia, que no otorga el derecho de residir físicamente en ese país, se realiza exclusivamente vía internet en la página web https://e-resident.gov.ee/become-an-e-resident/ y tiene un costo de €100. 

Una vez otorgada la condición de residente virtual, el interesado debe recoger la tarjeta y lector electrónico que lo acredita como residente virtual en una embajada de Estonia. En América Latina, las más cercana está en los Estados Unidos y en Canadá. 

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Deja un comentario